En el ejemplo de las bolitas de vidrio que caen de la mesa barridas por el viento, no esperamos que caigan todas en fila, formando una línea recta. Mucho menos esperamos que caigan formando una estrella de cinco puntas. Al contrario, lo más lógico y lo que vemos, es que caen todas regadas, sin ninguna formación ordenada o compleja. Los procesos fortuitos no resultan en diseño u orden, sino en desorden.
Si un viento huracanado levanta pedazos de madera, ladrillos, arena y vidrio al aire, éstos caerán desperdigados. Si acaso caen juntos, caerán formando un montículo desordenado de material, pero no caerán formando una casa. La construcción de una casa requiere además de los materiales apropiados, un diseño y un ser inteligente capaz de organizar los materiales de acuerdo a un plano. La casa no es el resultado de procesos fortuitos sino el resultado de un ser inteligente.
En nuestras experiencias cotidianas vemos que algo complejo y ordenado es siempre el resultado de una mente inteligente. Un edificio requiere un constructor. Una bella pintura, ilustrando un amanecer en la campiña, requiere de un artista que la pinte. Una máquina requiere de un ingeniero que la diseñe.

El mundo que nos rodea es complejo y asombroso, ya sea que bajemos a las profundidades del mar y apreciemos la diversidad de peces de varios colores y diseños, ya sea que caminemos en los campos y apreciemos las flores, o levantemos la vista al firmamento y estudiemos las galaxias, o subamos en una nave espacial y observemos desde el espacio la Tierra. Nuestro universo es realmente maravilloso, formado con gran inteligencia y sabiduría. De hecho, el hombre se desarrolla científica y técnicamente en la medida que observa y estudia el universo y su orden, descubriendo y aprendiendo de las leyes sabias que lo rigen.
En la publicación de febrero de 1993 de “R&D Magazine” (Revista Investigación y Desarrollo) leemos un artículo sobre el hilo producido por las arañas, un hilo cuya estructura es tal que, por libra es más fuerte que el acero. Las arañas tienen, por supuesto, gran aplicación para esta estructura; produciendo una tela con un hilo tan delgado que prácticamente es invisible, sin embargo es tan fuerte que resiste su peso y el de las presas que atrapa.
El hombre se ha dado cuenta del potencial práctico de esta maravilla de ingeniería de materiales. Entre las muchas aplicaciones está su uso en instrumentos médicos. Los científicos están ahora investigando maneras de reproducir este material en forma sintética, aprovechando los avances modernos en el campo de la biotecnología.
En otro artículo de la misma revista, R&D Magazine, pero del mes de octubre de 1999, leemos que “cuando se les pidió a los científicos del Laboratorio Nacional de Ingeniería y del Medio Ambiente de Idaho, del Departamento de Energía de los Estados Unidos, que desarrollaran un fuerte adhesivo resistente al agua… ellos fueron a los expertos – almejas que han estado agarrándose firme y naturalmente debajo del agua desde hace miles de años”.
Los científicos buscan aprender de la sustancia que las almejas secretan, pues “tiene propiedades como de adhesivo – que se endurece en hilos para agarrarse en cuestión de un minuto”. El biólogo molecular Frank Robert resalta que el adhesivo natural no necesita altas temperaturas para ser activado, contrario a muchos cementos sintéticos manufacturados por el hombre.
Esta es otra maravilla de ingeniería de materiales, una sustancia compleja y de características muy peculiares, diseñada especialmente para una aplicación específica en el mundo natural. El hombre, en su tecnología moderna, todavía no ha podido diseñar un adhesivo que tenga las ventajas ofrecidas por el encontrado en la naturaleza. Los científicos de la Universidad de California en Santa Bárbara están identificando las proteínas que forman el hilo de carácter adhesivo para reproducirlo biológicamente.
Y ahora, pasémonos de las almejas al murciélago. ¿Sabía usted que los murciélagos miden distancias por medio de un sistema sofisticado de sonar? Primero emiten un sonido, y luego detectan precisamente el tiempo que toma para rebotar en el objeto distante. Es como si fuéramos a un lugar adonde nuestra voz regresa en forma de eco. El tiempo que toma al eco en regresar es una medida de la distancia de la pared en que rebotó. Bueno, el hombre busca aprender de este diseño encontrado en la naturaleza, el cual se usa en distintas aplicaciones. Una de ellas es la detección de minas por los submarinos de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos, y otros países.
En un interesante artículo de Prensa Asociada (AP), reportado en la página Web de CNN en 1998, leemos que el sonar de los murciélagos sigue siendo todavía muy superior al de más alta tecnología diseñado por el hombre. El investigador James Simmons, de la Universidad Brown, está tratando de hacer el sistema de sonar naval más como el de estos intrigantes animalitos. En sus esfuerzos por aprender más, los científicos han empezado “experimentos que registran la actividad de las células cerebrales de los murciélagos cuando procesan sonidos”.
El diseño del sonar de los murciélagos es de tal precisión, que puede distinguir entre objetos tan cercanos, que la diferencia de tiempo que toma para que la señal emitida rebote es solamente una millonésima de segundo (0.000001 segundos). No creo que necesitemos entrar en más detalle para apreciar lo maravillosamente complejo que es este sistema.
¿Es acaso lógico pensar que un sonar, construido con toda la tecnología moderna, sea resultado de diseño, mientras que un sistema superior sea el producto de una serie de procesos accidentales?
Así como los anteriores, hay muchos más ejemplos. De hecho, el mundo que nos rodea está repleto de excelentes diseños de materiales y sistemas en todos los campos, desde el campo biológico hasta el cósmico; diseños integrados que señalan a un Diseñador. Consideremos por ejemplo el increíble sistema solar, los movimientos combinados de la Tierra, la Luna y el Sol; coordinados de tal manera que favorecen milagrosamente la vida en la Tierra. Pensar que este balance cósmico, junto con la atmósfera que tiene la cantidad apropiada de oxígeno para nuestra existencia, y todos los demás sistemas y procesos que constituyen nuestro planeta, y que favorecen la vida, fueron diseñados por un Ser inteligente como lugar de habitación para el ser humano, es algo perfectamente lógico y consecuente con las experiencias normales y objetivas de la vida diaria.
No pasemos por alto lo maravilloso que es el universo, y lo increíblemente diseñado para acoplar al ser humano. No, la Tierra no es el centro del universo, pero todo indica que el ser humano sí lo es. El universo ha sido creado para beneficio del hombre.
¿Sabía usted que nuestro planeta recibe la cantidad de energía solar precisa para mantener la vida? El tamaño del Sol y su distancia con respecto a la Tierra son perfectos. El Dr. Lawrence Richards en su libro “It Couldn’t Just Happen” (No Pudiera Simplemente Ocurrir) menciona que si la Tierra recibiera uno por ciento (1%) más de energía del Sol, no podríamos existir debido a las calientes temperaturas. Si en cambio la Tierra recibiera uno por ciento (1%) menos, nos congelaríamos. ¿Es posible que este balance sea accidental? Lo más lógico es pensar que es el resultado de un diseño establecido.

Los planetas que giran alrededor del Sol tienen también una posición y tamaño que no son casuales, sino benéficos para nuestra supervivencia. En la página Web de CNN del 28 de julio del 2000 apareció un artículo sobre el libro “Rare Earth” (Tierra No Común), de los profesores Peter D. Ward y Donald Brownlee de la Universidad de Washington. Dicho artículo menciona que una gran cantidad de desperdicios cósmicos que circulan en el universo, chocaría sobre la Tierra destruyendo la vida, si no fueran desviados por el planeta Júpiter; lo cual es posible gracias a su tamaño, órbita y posición ideal en el sistema solar.
La capa de ozono que rodea el planeta es otro ejemplo de los sistemas diseñados en nuestro mundo para favorecer la vida en la Tierra. Sin ella estaríamos a la merced de los rayos ultravioletas mortales que vienen del exterior. Precisamente, la comunidad mundial está preocupada por los agujeros que se están formado en la ozonosfera, los cuales aumentan las incidencias de cáncer en las áreas afectadas. Es difícil pues pensar que los gases y procesos químicos que se producen en la ozonosfera para capturar los rayos ultravioletas, un sistema sin cuya existencia nuestra propia existencia sería imposible, son producto más de la buena suerte.
¿Y qué diríamos del cuerpo humano, una obra más que maestra, milagrosa, de diseño y complejidad increíbles? Todavía estamos aprendiendo de su composición, estructura y funcionamiento. De hecho se requieren muchos años de dedicación, estudio aplicado y experiencia práctica, para llegar a ser un verdadero especialista en tan solo un área del cuerpo humano.
Consideremos, por ejemplo, el órgano de la vista. Un oftalmólogo necesita muchos años antes de llegar a ser experto en el área del ojo humano.
El ojo no es una pieza independiente, trabaja en armonía con el sistema circulatorio y muscular; y por supuesto con el cerebro. Hasta el cráneo está diseñado para acomodar al ojo. Pero pensemos un poco ¿de qué serviría el ojo, si no fuera para servir al ser humano en el cual está colocado? Este órgano tiene un propósito específico. Los procesos aleatorios no tienen un propósito, los diseños sí. El ojo es resultado de diseño.
Al final de su carrera el mayor experto en el tema morirá sin conocer todos los secretos relacionados con el maravilloso sentido de la vista. Pensar que el órgano de la vista es el resultado de procesos fortuitos, sería un insulto a la inteligencia del hombre, y un mayor insulto al Diseñador que lo creó.
El Ojo Humano

El ojo es parte de un sistema complejo. Trabaja en armonía y depende del sistema circulatorio y muscular, y del cerebro. Hasta el cráneo está diseñado para acomodar al ojo.
Este órgano tiene un propósito específico. Los fenómenos aleatorios no tienen un propósito, los diseños sí. El ojo es resultado de diseño no accidente.




