Tal vez tú dices ’hoy es muy pronto, déjame considerarlo…mejor mañana’. ¿Mañana? Déjame leerte unas palabras sobre “mañana”, reflexiona en ellas:
¡Mañana!
Mientras unos viven preocupados por ‘mañana’,
sin vivir ‘hoy’
otros dejan para ‘mañana’
lo que deben hacer ‘hoy
El hombre a Dios le dice
“¡Mañana! mis maneras cambiaré
Sí, la senda de pecado dejaré.
Mientras tanto ¡mi camino bendice!”
¿Mañana?
No sabes como será tu vida ¡Mañana!
Eres como vapor que por poco tiempo aparece
Y luego en un momento se desvanece
¡Mañana! Dijo el Faraón
Pero su corazón se endureció
Sí, el Mañana llegó
y con él…la destrucción
No digas ¡Mañana! dejaré malicia y vicio
¡Hoy! es el tiempo propicio
¿Acaso el mundo te enmaraña
como presa en tela de araña?
Amigo, ¿Qué esperas?
Huye mientras puedas
Escapa de eterna condenación
Hoy es el día de tu salvación
Dios te invita a venir a los pies de Jesús, hoy. El no te rechazará, tal como dice en el evangelio de San Juan : “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí de ningún modo lo echaré fuera” (Juan 6:37)
Amigo, el Pastor ha venido a buscar a sus ovejas. Jesús dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28)
¿Oyes la voz del Buen Pastor buscando a su ovejita lastimada, confundida y perdida? Esa oveja eres tú, y ha venido a buscarte. Ven a él.
Tal vez tú dices “soy muy malo, no hay remedio para mí”. Sí, tienes razón, somos muy malos, pero “hay remedio para mí, y para ti” Ese remedio es la sangre de Jesús que nos limpia de todo pecado.
Sí amigo, hay poder en la sangre de Cristo, poder para borrar todos tus pecados. Y su Espíritu Santo tiene poder para moldearte y hacerte una persona nueva.
Recibe a Jesús en este momento. Ora conmigo de corazón repitiendo las palabras siguientes. No son una fórmula mágica, mas representan la condición de un corazón que Jesús acepta para entrar en él. Jesús entonces entrará a tu vida, derramando su amor divino y dándote vida eterna.
Repite ahora estas palabras, hablándole a Dios:
“Dios mío, te ruego perdón por mis pecados.
Gracias por haber enviado a tu Hijo a morir por mí en la cruz. Yo confío en la obra salvadora de Jesús.
Creo que su sangre es preciosa y poderosa para limpiar el corazón de cualquier pecador.
Hoy recibo a Jesús, quien vive pues resucitó de la muerte y así lo creo por fe.
Hoy te recibo Señor Jesús como Señor de mi vida.
Pongo mi fe en ti, no en mí, ni en mis obras, sino en la obra redentora que hiciste por mí en el Calvario.
Dame tu Santo Espíritu para que me guíe por el camino, y dame hambre y entendimiento de tu Palabra para poder escuchar y conocer y seguir tu voz.” Gracias Señor. Amén.


