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Bautismo y Salvación

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IX

BAUTISMO Y SALVACIÓN

Un área de bastante importancia, pero donde también hay bastante confusión por la falta de enseñanza bíblica adecuada, es la del bautismo. Trataremos a continuación de aclarar un poco, dando luz al respecto con la ayuda de Dios y su palabra.

Los católicos enseñan el bautismo de infantes, considerándolo un requisito indispensable para la salvación. Algunas iglesias no católicas, de origen evangélico, enseñan también que si uno no se ha bautizado, no se puede salvar. Unos practican bautismo por aspersión, otros por inmersión. ¿Qué dicen las Escrituras al respecto?

Primero, entendamos que el bautismo es una ordenanza bíblica muy importante. Jesús al comisionar a sus discípulos en Mateo 28:19-20 dijo: "Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."

También es muy importante entender que el bautismo no sólo consiste en un rito externo de agua; debe estar ligado a una experiencia espiritual interna y profunda. El bautismo de Juan Bautista estaba acompañado de un mensaje y llamado al arrepentimiento sincero. En Mateo 3:7-9 leemos que "cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venían para el bautismo, les dijo: Camada de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos: "Tenemos a Abraham por padre", porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras."

Es decir, Juan rehusó bautizar a hombres que claramente lo hacían sin un arrepentimiento genuino. El mismo Jesucristo, desde que empezó su ministerio, llamó también al arrepentimiento como requisito para entrar al reino de Dios. En Marcos 1:14-15 leemos que "Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio."

Un bebé no tiene la capacidad de reconocer su naturaleza pecadora, arrepentirse y decidir seguir a Jesús. Primero se necesita tener edad de conciencia de pecado. Y segundo, se necesita arrepentimiento y la decisión personal de seguir a Jesús. Nadie puede hacer esa decisión por otra persona. La persona que se va a bautizar debe hacerla por sí misma.

Entendemos, pues, que el bautismo es un rito que obedece a una decisión personal. Pero ¿qué relación tiene el bautismo con la salvación de una persona? ¿Es el bautismo un rito a observar antes o después de la salvación de una persona? ¿Se recibe la salvación por medio del bautismo?

En el evangelio de Juan 1:11-13 la palabra de Dios nos revela que Jesús: "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios."

La Escritura nos revela que no todos somos hijos de Dios. Todos los hombres y mujeres son creación de Dios, pero hijos de Dios son sólo los que reciben a Jesús. ¿Cómo recibe usted a Jesús? El texto anterior nos dice que lo recibimos al creer en su nombre, es decir, al creer quién dijo Jesús ser, y lo que vino a hacer; creyendo en su palabra, y aceptando la autoridad de Él como Dios y Señor suyo.

Vea que la Escritura indica que no se llega a ser hijos de Dios por nacimiento de sangre, ni por voluntad de carne o de hombre. Eso excluye inmediatamente que uno pueda ser salvo por parentesco o decisión de otros. Por muy piadosos, o santos, que sean sus padres; la decisión es personal y demanda creer y escoger voluntaria y personalmente a Jesús.

En la conversación que tuvo Jesús con Nicodemo, le revelo la necesidad de nacer de nuevo. Es decir, para ser salvo se necesita nacer de nuevo. En ese momento ocurre la salvación. El pasaje se encuentra en el evangelio de Juan, parte del cual copiamos a continuación:

"Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.

Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?

Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: "Os es necesario nacer de nuevo."" Juan 3:1-7

Para nacer de nuevo necesitamos, pues, además de nacer físicamente de agua, es decir, del líquido amniótico de la madre; nacer también del Espíritu. Jesús en Juan 6:63 dijo "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida."

Jesús dijo que es necesario nacer del Espíritu (Juan 3:1-7). Y dijo que sus palabras son espíritu (Juan 6:63). Es al recibir sus palabras que recibimos su espíritu que da vida, y recibimos entonces en ese momento vida eterna. ¿Cuáles son entonces las palabras, el mensaje que da salvación y vida eterna?

Pablo las declara en varios lugares de sus escritos. En Romanos 10:8-13 escribió:

"Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de fe que predicamos:

Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.

Pues la Escritura dice: Todo el que cree en El no será avergonzado.

Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque:

Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo."

El creer que Dios resucitó a Jesús de la muerte es muy importante, pues al creerlo usted está aceptando el testimonio del Espíritu Santo. Además es importante porque si Jesús no ha resucitado de la muerte, no habría vencido sobre el pecado; y nosotros todavía estaríamos en pecado.

Es importante también, porque si Jesús todavía estuviera muerto, no podría ser su Señor. Y aquí venimos al segundo punto: No basta creer que Jesús ha resucitado; es necesario aceptar su señorío en su vida. Es decir, necesita declararlo Señor suyo; con la intención de obedecer su voz. Al hacerlo, usted recibe salvación, pasando a ser miembro de la familia de Dios, naciendo de nuevo como un hijo de Dios.

Si usted nunca lo ha hecho, éste es el momento oportuno para que lo haga. Dios le está llamando al arrepentimiento, a que le pida perdón por sus pecados; y confíe en la obra redentora de Jesús en la cruz, poniendo su confianza en Jesús, tal como dice la Escritura.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.

El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios." Juan 3:16-18

Creer en Jesús es más que creer que Él existe. Los demonios saben que Dios existe y no por eso son salvos. Creer en Jesús es creer en su palabra y poner su vida en las manos de Él, decidiendo obedecerle y seguirle. Dios le dará el Espíritu Santo para guiarlo por medio de las Escrituras en el camino correcto, y para darle el poder que usted necesita para hacer el bien y rechazar el pecado.

Jesús dijo en Juan 10:10 -11:

"El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas."

Si usted cree en Jesús, creerá que seguirle a Él es lo mejor para su vida, el camino para experimentar vida abundante; reconociendo que ceder a las tentaciones, y el pecado, sólo lo llevarán a la condenación eterna.

Si usted nunca lo ha hecho, le invito a orar y poner su fe en Jesús en este mismo momento. No lo deje para después. El Espíritu Santo le está llamando, no lo rechace. Una oración como la que escribimos a continuación, si la hace en forma sincera, de corazón, es aceptable a Dios.

Padre celestial, te ruego perdón por mis pecados.

Creo que Jesús murió por mis pecados, y que su sacrificio en la cruz es pago suficiente y perfecto por ellos.

También creo que Jesús resucitó de la muerte, y vive;

y hoy lo recibo como Señor de mi vida.

Dame tu Santo Espíritu, sed de tu palabra, y entendimiento para comprenderla.

Dame tu Santo Espíritu para tener el deseo y el poder para vivir una vida conforme a tu voluntad; para hacer el bien y rechazar las tentaciones y el pecado.

Te lo pido en nombre de nuestro Señor Jesús. Amén.

Si usted ha expresado lo anterior a Dios de corazón, Él lo recibe y le da salvación; tal como lo leemos en Juan 5:2425

"En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.

En verdad, en verdad os digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oigan vivirán."

Note que la Biblia dice que al creer, al recibir la palabra, 'tiene' vida eterna. No dice 'tendrá', sino 'tiene'; es algo actual que se recibe en el momento en que usted cree y pone su fe en Jesús. En ese momento usted pasa de muerte a vida. De hecho, antes de hacer esa decisión, los hombres estamos muertos espiritualmente, separados de Dios. Al oír la voz de Dios, y responder, es cuando adquirimos vida eterna y comunión espiritual con Dios.

El apóstol Juan escribió en su primera epístola: "Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida." I Juan 5:11-12

Notemos que los textos bíblicos anteriores no mencionan que el bautismo sea requisito indispensable para ser salvo. Cuando uno de los malhechores moría a la par de Jesús, se arrepintió de su maldad y confió en Jesús. El Señor le dijo: "En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso." Lucas 23:43

El malhechor no tuvo la oportunidad de ser bautizado, sin embargo Jesús lo recibió en su reino. Y es que la salvación tal como hemos visto, es por fe. Y si es por fe, ya no es por obras. Tal como lo declara Pablo en Efesios 2:8-10:

"Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas."

En este asunto del bautismo es clave entender su significado. Pablo escribió:

"¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.

Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado." Romanos 6:3-6

Las palabras bautismo, y bautizar, vienen de la palabra griega 'baptizo', cuyo significado es 'sumergir', tal como se sumergían las telas para teñirlas.

Cuando la persona se sumerge en el agua durante el rito del bautismo, se simboliza el entierro del hombre antiguo, su muerte al pecado; la decisión del nuevo discípulo de no participar más en una vida de iniquidad.

Al salir el discípulo del agua, se está simbolizando su 'resurrección' a una nueva vida en Cristo; una vida recta y justa; una nueva vida en obediencia a Dios.

Al salir del agua durante el bautismo, también estamos proclamando nuestra resurrección física. Es decir, con ello estamos declarando nuestra esperanza de que cuando Jesús venga, resucitará nuestro cuerpo mortal, tal como Dios lo resucitó a Él de la muerte.

Todo este simbolismo es significativo únicamente para la persona con capacidad de entender su pecado, que arrepentida decide seguir a Dios. Un bebé no tiene esa capacidad. Entendamos bien que el agua del bautismo no es lo que hace al discípulo, sino su arrepentimiento y fe en Jesús. En Juan 8:31-31 nuestro Señor dijo "a los judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." Pedro aclara en I Pedro 3:21 que lo que salva no es el agua del bautismo en sí, quitando la suciedad de nuestro cuerpo, sino "la petición a Dios de una buena conciencia."

En Pentecostés, cuando los judíos oyeron el discurso de Pedro, tocados profundamente por el mensaje, le preguntaron a él y a los demás apóstoles: "Varones hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo." Hechos 2:37-38

Pedro dijo, arrepentíos y sed bautizados. No es que el bautismo sea requisito para salvación, pero el arrepentimiento y la fe en Jesús sí lo es. Y como el bautismo es un mandato de Jesucristo, Pedro lo menciona muy apropiadamente en el mismo momento. Es claro que la persona que recibe a Jesús de corazón le obedecerá en todo, incluyendo en este rito que Él ordenó. No hay necesidad de esperar; si puede bautizarse en el momento de su arrepentimiento y decisión de seguir a Jesús, no hay nada que le impida ser bautizado. Y así ocurrió en Pentecostés, cuando Pedro dio el mensaje de salvación.

El significado bíblico del bautismo, tal como lo hemos presentado con la ayuda de las Escrituras, implica que si una persona acaba de recibir a Cristo en la calle, pero camino a casa muere en un accidente; aunque no haya tenido la oportunidad de bautizarse se salva y va directamente al cielo, pues puso su fe en Jesús. El limbo no existe, es un concepto que no aparece en ningún lugar de la Biblia.

Algunas iglesias evangélicas demandan que el bautizante pase por un tiempo de prueba, y un curso de doctrina que puede durar varias semanas, antes de ser bautizado. Sin embargo, Pedro no puso tal requisito a los que se arrepintieron en Pentecostés. En Hechos 16:25-34 vemos que Pablo tampoco requirió más que la fe en Jesús al carcelero en Filipos, bautizándolo enseguida.

Felipe tampoco demandó otra cosa del eunuco etíope que creyó en el evangelio. En Hechos 8:35-39 leemos que "Felipe abrió su boca, y... le anunció el evangelio de Jesús. Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había agua; y el eunuco dijo: Mira, agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees con todo tu corazón, puedes. Respondió él y dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Al salir ellos del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso."

Vemos primero, que Felipe le anunció el evangelio, el cual es la base para que una persona pueda creer y ser salva. Luego, vemos que el eunuco preguntó qué impedía ser bautizado. Felipe mencionó que el único requisito era creer de corazón. ¡Un recién nacido no tiene esa capacidad!

Vemos también que el eunuco 'salió del agua', es decir que fue sumergido durante el bautismo. Y esto es de importancia en cuanto al simbolismo del rito, lo cual ya explicamos anteriormente.

Es importante observar que si una persona afirma haber puesto su fe en Jesús como Señor y Salvador; pero es indiferente a sus mandamientos, incluso al mandamiento del bautismo; a dicha persona más le valdría examinarse y ver si realmente está en la fe y es salva. Jesús dijo en Mateo 7:21 "No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos."

Aprovecho a reconocer que en mi práctica pastoral, mi convicción bíblica me mueve a bautizar por inmersión. Aclaro sin embargo, que si bien el rito del bautismo es muy importante; y su forma de gran significado espiritual; la forma de este rito no es crítica para la salvación del alma.

Alguno se preguntará qué de los infantes que mueren antes de tener uso de razón. Pablo en I Corintios 7:14 nos revela que los niños del padre o la madre creyente son santos, no inmundos, apartados por Dios. El que la Biblia no dé más información específica, no justifica inventar la doctrina de bautismo de infantes y del 'limbo'.

 

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