XIII
DONES ESPIRITUALES
Uno de los aspectos importantes en la vida del creyente, y de la iglesia, es la de los dones del Espíritu Santo. Desafortunadamente hay mucha ignorancia, confusión y abusos en esta área. Con la ayuda de las Escrituras procedemos a continuación a hacer algunas observaciones pertinentes. En I Corintios 12:1-11 leemos:
"En cuanto a los dones espirituales no quiero, hermanos, que seáis ignorantes... hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues a uno le es dada palabra de sabiduría por el Espíritu; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, dones de sanidad por el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversas clases de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, distribuyendo individualmente a cada uno según la voluntad de Él."
Tal como leemos, Dios desea que salgamos de la ignorancia. "En cuanto a los dones espirituales no quiero, hermanos" dice Pablo, "que seáis ignorantes."
Pablo nos dice que hay diversidad de dones. La palabra en griego traducida 'don', es 'carisma': Un favor que uno recibe sin mérito, se recibe sin merecerse. Un don es un regalo, algo que no se compra, sino que se recibe gratuitamente. Jesús pagó por ellos en la cruz. Los distintos dones vienen del mismo Espíritu, el Espíritu Santo.
Hay también diversidad de ministerios, es decir, servicios donde esos dones se usan. Por ejemplo, varias personas pueden tener el don de enseñanza: Una persona puede que sea llamada a enseñar dando clases en la escuela dominical de su congregación; otra puede que sea llamada a enseñar escribiendo libros para niños; otra a través del discipulado personal. Es el don de enseñar, pero ejercido en distintos ministerios según dirige el Señor, quien es la cabeza de su iglesia.
Leemos también que hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios. Por 'operaciones' Pablo se refiere a 'resultados'. Así vemos que la enseñanza de la palabra de Dios durante el servicio dominical puede producir distintos efectos. En una persona puede darle ánimo a seguir en el camino; tal vez estaba desanimada, pero ahora se siente fortalecida. En otra persona la misma predicación pude llevarla al arrepentimiento de sus pecados y a ponerse en orden con Dios. A otra persona la misma predicación puede animarla a un mayor compromiso con Dios. A otra puede haberle hablado en cuanto al llamado al ministerio. Lo importante es ver que la obra es de Dios. Es Dios quien "hace todas las cosas en todos."
En cuanto a los diversos dones podemos ver que "a uno le es dada palabra de sabiduría". Tal vez alguna persona está necesitada de saber qué hacer ante una circunstancia. Quizá se sienta confundida ante varias opciones; o no ve salida a su crisis. Pero Dios le da tal vez a usted una palabra de sabiduría, y al compartirla, la persona se maravilla ante tanta sabiduría, y resuelve su situación. La persona bendecida se da cuenta que realmente esa sabiduría no era natural, sino sobrenatural. Tanto ella como usted le dan gloria a Dios por haberle usado para ayudarle.
Otra persona puede recibir "palabra de conocimiento." Tal vez usted está teniendo un problema en su negocio, tal vez una máquina está dando serios problemas en su funcionamiento, causando grandes desperdicios y costos de operación. Usted ha llamado a varios técnicos expertos, pero todo ha sido en vano pues no pueden hallar la causa. En medio de su desesperación aparece un hermano en la fe que no conoce nada de esas máquinas, ni los detalles de su negocio; y sin embargo le dice con autoridad que el problema está en que usted cambió de suplidor de la materia prima. Usted nunca le mencionó eso a él; pero tiene razón; usted había cambiado al suplidor. Pausa un momento, sorprendido por el comentario del hermano en la fe, dándose cuenta además que, cuando usted cambió el suplidor empezaron sus problemas. Regresa al suplidor anterior, y los problemas ¡desaparecen! Dios le dio a esa persona palabra de conocimiento. Y tanto usted como ella glorifican a Dios.
El Espíritu Santo también da en ciertas ocasiones una fe muy superior para una crisis o reto extraordinario. Tal vez las personas de la congregación están descorazonadas, las circunstancias son un reto enorme; aún las personas que siempre se ven fortalecidas en su fe han flaqueado, y la congregación está a punto de cancelar la obra que han empezado. Pero de repente, estando en oración, un miembro de la congregación se levanta y les asegura que Dios está a favor de ellos, que no desesperen, que sigan adelante con el plan que tienen; que aunque los fondos no hayan aparecido para pagar los gastos del mes y del ministerio que están lanzando para ayudar a los necesitados y a los drogadictos del barrio, Dios va a suplir muy pronto. Los miembros de la congregación son fortalecidos por la fe del hermano, y a raíz de ello continúan con el programa. Al fin de mes, al último momento, aparece una donación generosa que cubre la necesidad; y todos ¡dan la gloria Dios!
También el Espíritu da "dones de sanidad". Dios sana frecuentemente en forma milagrosa. Muchas veces lo hace a través de personas que Dios usa como sus instrumentos, al orar éstas por los enfermos. Pablo, Pedro, los apóstoles, y los discípulos del Señor fueron así usados; y muchos otros son usados en la actualidad para bendición del pueblo de Dios, y para gloria del nombre de Jesús.
Por supuesto que el peligro de vanagloria está ahí latente. Y, lamentablemente, mucho abuso, engaño y manipulación se lleva a cabo hoy en día, por parte de siervos falsos que explotan a otros en su necesidad.
En el capítulo tres del libro de Hechos leemos la historia de la sanidad milagrosa de un cojo de nacimiento, y de la correcta actitud por parte del siervo usado por Dios como instrumento de sanidad. Cuando la gente se acercó a Pedro asombrados por el gran milagro que había ocurrido, les dijo: "Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto, o por qué nos miráis así, como si por nuestro propio poder o piedad le hubiéramos hecho andar? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y repudiasteis en presencia de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad." Hechos 3:12-13
Vemos, pues, que Pedro inmediatamente le dio la gloria a Dios, indicando que la sanidad no era debido a piedad, santidad o poder suyo, sino que Dios por medio de dicho milagro estaba glorificando el nombre de Jesús.
Entre los dones mencionados en el capítulo doce de la primera carta a los corintios, leemos también del "poder de milagros". Este se puede manifestar de muchas maneras. Por ejemplo, tal vez su carro se queda atascado en el fango, en una zona peligrosa; y un hermano en la fe recibe fuerza sobrenatural para sacarlo.
La palabra 'profecía' viene del griego 'profetes' que se deriva de dos palabras: 'pro' (antes, por delante) y 'femí' (decir, declarar, expresar los pensamientos). Anteriormente, en el Antiguo Testamento, el profeta era un instrumento que Dios levantaba, principalmente, para proclamar un mensaje de arrepentimiento y de esperanza a su pueblo; que constantemente se desviaba de su camino. Muchas veces, pero no siempre, ese mensaje contenía predicciones de eventos futuros. Si era un verdadero profeta de Dios, se cumplía lo que predecía. Y si no se cumplía, era un falso profeta; y había que apedrearlo por haber hablado falsamente en nombre de Dios.
El Antiguo Testamento relata palabras, obras y eventos que involucraron a Elías, Eliseo y otros profetas de Dios que no escribieron Escritura. Los escritos de otros profetas inspirados por el Espíritu Santo, tales como Isaías, Jeremías, Ezequiel, y Daniel, pasaron a formar parte de los libros proféticos de la Biblia. El libro de Salmos contiene muchas profecías también. En Deuteronomio 18:20-22 leemos:
"El profeta que hable con presunción en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado hablar, o que hable en el nombre de otros dioses, ese profeta morirá. Y si dices en tu corazón: "¿Cómo conoceremos la palabra que el SEÑOR no ha hablado?" Cuando un profeta hable en el nombre del SEÑOR, si la cosa no acontece ni se cumple, esa es la palabra que el SEÑOR no ha hablado; con presunción la ha hablado el profeta; no tendrás temor de él."
En el tiempo de los apóstoles, éstos fueron usados por Dios para completar el canon de la Escritura, los veintisiete libros del Nuevo testamento que completan la Biblia con el libro de Apocalipsis, escrito por el apóstol Juan. Además de ellos hubo, y sigue habiendo hoy en día, siervos con el don de profecía; no en el sentido de que den revelación bíblica nueva; sino en el sentido de que declaran el propósito y consejo de Dios a su pueblo, basándose en las Escrituras.
El don de profecía se manifiesta, pues, hoy en día, cuando una persona declara, por revelación del Espíritu Santo, sucesos que van a pasar antes que ocurran. Pero, principalmente, cada vez que un siervo predica declarando, con el poder del Espíritu Santo, la palabra de Dios encontrada en las Escrituras; proclamándola para edificar, exhortar y consolar al pueblo de Dios. Pablo escribió: "El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación." I Corintios 14:3
En este don, Dios usa principalmente a los pastores; pero puede levantar a otros siervos. En cuanto a la predicción de eventos futuros como la venida de un terremoto, sequia, o inundación en cierta área, Dios puede usar y usa ocasionalmente a distintos creyentes dentro del cuerpo de Cristo.
Necesitamos dar sin embargo una palabra de precaución: ¡No todo el que dice ser profeta lo es! Muchos fallan en sus pronósticos. Y, ninguno que se diga ser profeta, y que trae una nueva revelación bíblica, es profeta de Dios. Las Escrituras comienzan con el libro de Génesis y terminan con el libro de Apocalipsis. Nadie que quiera añadir a la Biblia una nueva revelación o doctrina viene de Dios.
"Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro." Apocalipsis 22:18-19
Ejerzamos, pues, discernimiento para no dejarnos engañar, evaluando siempre todas las cosas a la luz de la palabra de Dios. Si lo que una persona profetiza, o enseña supuestamente por dirección del Espíritu Santo, contradice, anula, añade o quita a las Escrituras, ¡no viene de Dios!
Esto nos lleva a otro don muy necesario en la iglesia, el don de "discernimiento de espíritus". Alguien con este don podrá ver más allá de las apariencias. Tal persona puede detectar con habilidad sobrenatural a personas que aparentan ser una cosa pero son otra; a falsos profetas; a falsos maestros; a personas que aparentan ser algo bueno e inocente, pero que son nocivos y destructivos; a instrumentos del demonio. Este don debe ejercerse con prudencia y sabiduría. Si alguien tiene este don, no es para que lo use para chismosear; pero sí para traer el asunto al pastor de la congregación, para orar y actuar con sabiduría protegiendo al rebaño de Dios.
Los dos últimos dones mencionados por Pablo en esta lista son el de lenguas, y el de interpretación de lenguas. La persona que tiene el don de lenguas habla en una lengua no conocida, expresando oraciones y alabanzas a Dios, no con el intelecto sino por obra del Espíritu Santo.
La persona que habla en lenguas se edifica a sí misma, pues su espíritu se edifica al orar y alabar a Dios, aunque su mente no entienda lo que dice. Ahora bien, si no hay nadie que interprete en una reunión, la persona que habla en lenguas que guarde silencio; pues en tal caso los demás no se edifican.
Si hay quien interprete, entonces que hable uno a la vez, siendo interpretado cuando habla. Pero que no hablen todos a la vez, porque si lo hacen, se vuelve una confusión que no edifica, y hasta asusta a quienes entren a la reunión. "Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos sin ese don o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?" I Corintios 14:23
Ahora bien, si en una reunión hay quienes hablen en lenguas, y quien interprete; Pablo regula que no hablen más de tres personas, y por turno, por supuesto. De hecho, Pablo prefería, en las reuniones de la iglesia, declarar la palabra de Dios antes que hablar en lenguas. Así lo escribió: "En la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras en lenguas." I Corintios 14:19
En algunas congregaciones hay lamentablemente un gran desorden ¡en nombre del Espíritu Santo! No, el desorden no es culpa ni obra del Espíritu Santo. Pablo enseña que "Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos." I Corintios 14:32-33. Pablo ordena "que todo se haga decentemente y con orden." I Corintios 14:40.
No hay excusa, pues, para que se paren siervos hablando en lenguas e interrumpiendo al pastor cuando éste está enseñando la palabra de Dios desde el púlpito. Si la congregación se ha reunido para escuchar la enseñanza de la palabra, eso es lo que se debe hacer; y no permitir que termine en caos y desorden en nombre de la libertad espiritual.
Al poco tiempo de mi caminar cristiano veía un programa de televisión donde el evangelista decía, frecuentemente, que la persona que no hablaba en lenguas no había recibido el bautismo del Espíritu Santo. Al buscar en las Escrituras evidencia de su afirmación, encontré que dicho evangelista estaba incorrecto. En I Corintios 12:28-31 Pablo declara y luego pregunta en forma retórica lo siguiente:
"En la iglesia, Dios ha designado: primeramente, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, milagros; después, dones de sanidad, ayudas, administraciones, diversas clases de lenguas.
¿Acaso son todos apóstoles? ¿Acaso son todos profetas? ¿Acaso son todos maestros? ¿Acaso son todos obradores de milagros? ¿Acaso tienen todos dones de sanidad? ¿Acaso hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos?
Mas desead ardientemente los mejores dones."
En las preguntas retóricas anteriores, es claro que no todos hablan en lenguas, no todos interpretan, no todos son profetas, no todos son maestros, no todos son obradores de milagros. Si el don de lenguas fuera la prueba indispensable del bautismo del Espíritu Santo en un creyente, Pablo daría gran atención al 'problema' de que alguien no hable en lenguas, pues su ausencia indicaría la falta de algo muy importante. Pero no es así. Pablo no lo considera así.
Satanás busca traer confusión y daño a la iglesia promoviendo enseñanzas y preceptos contrarios a la palabra de Dios; alimentando actitudes contrarias al Espíritu Santo. Es triste que por la interpretación errónea del don de lenguas, algunos grupos excluyan del liderazgo de la iglesia a siervos que aman al Señor, simplemente porque carecen de este don. Cuando algunos hacen vanagloria de sus dones, exhibiendo arrogancia espiritual más que humildad y mansedumbre; lejos de glorificar a Jesús, lo ofenden y mal representan en la iglesia y en el mundo. Dios derrama sus dones sobre su pueblo, pero ellos no son para vanagloriarnos sino para servicio y beneficio del cuerpo de Cristo; para su edificación.
En cuanto al Espíritu Santo, hemos considerado sus dones. Pero hay otra área muy importante respecto al Espíritu Santo en la vida del creyente: ¡Su fruto!
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.
Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros." Gálatas 5:22-26
Dios desea ver fruto en nuestra vida. Al estar en Cristo, recibiendo y obedeciendo su palabra; permaneciendo así en Él, nuestra vida producirá fruto espiritual agradable a Dios.
"Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí, y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.
Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento, y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos."
Juan 15:4-8
Pablo escribió en I Corintios 13:1-3
"Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.
Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy.
Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha."
Jesucristo dijo en Juan 13:34-35
"Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros. ̈
A unos, la obsesión por los dones más que por Jesús mismo, o la falta de conocimiento sobre la naturaleza y el ministerio del Espíritu, los ha hecho caer víctimas de todo tipo de aberraciones y manifestaciones que falsamente se le atribuyen al Espíritu Santo. Un ejemplo de estos excesos es el de la 'risa santa', en que las personas caen en un estado de carcajadas sin control.
Algunos pastores dirigen sus manos hacia las personas, o las ponen directamente sobre sus frentes; haciéndolas caer de espalda, supuestamente por el poder del Espíritu Santo. He observado a veces a ministros que no sólo ponen las manos sobre la frente de las personas, sino que las empujan hacia atrás. Buscando algún precedente en la Biblia a este tipo de expresión, lo que he encontrado es que, cuando un siervo de Dios experimenta un encuentro con Él, cae de rodillas en su presencia, o con su rostro sobre el suelo; pero nunca de espaldas. En el caso de Elí, sacerdote de Israel en los días de Samuel; éste cayó de espaldas y se mató cuando le dieron la noticia que el Arca del Pacto había sido capturada por los filisteos, y que sus hijos habían sido muertos en la batalla. En este caso, Dios estaba juzgando a Elí por haber honrado más a sus hijos malvados que a Dios.
Hay quienes cuentan que Dios pasó en medio de la congregación, y que les dio tratamiento dental; incluso poniéndoles rellenos nuevos de oro. Pienso que Dios, en lugar de ponerle a usted un relleno nuevo de oro, le sanaría la muela. La realidad de las cosas es que, no todo lo que se dice ocurre en eventos y cruzadas de sanidad es genuino y verdadero. Es necesario ser "astutos como las serpientes e inocentes como las palomas." Mateo 10:16. Inocentes, sí, debemos serlo. Pero no ingenuos, creyendo todo sin discernimiento espiritual. Debemos ser astutos, ¡astutos como serpientes! Es necesario buscar las bases bíblicas a toda experiencia que se le atribuya al Espíritu Santo, pues "no todo lo que brilla es oro", y más de algún charlatán y falso maestro ha salido al mundo.
Ahora bien, es cierto que hay abusos en esta área del Espíritu Santo, sus dones y manifestaciones; pero tenemos que tener cuidado de no irnos al otro extremo donde se ignora por completo o se huye del ministerio del Espíritu Santo. Obviamente que no deseamos que las reuniones del Señor sean un circo religioso, pero tampoco queremos que parezcan un cementerio donde no hay vida espiritual porque no se le permite al Espíritu operar.
Los dones espirituales fueron necesarios en los días de Pablo, y siguen siendo necesarios ahora. No han cesado de operar. Cuando el Señor regrese por su iglesia no serán necesarios más; pero el Señor no ha venido todavía. La obra es espiritual, y para hacerla se necesita el Espíritu de Dios y sus dones. Nuestra lucha es contra la carne, el mundo, y Satanás y su reino de oscuridad. Yo deseo y necesito el conocimiento, el discernimiento, el consejo, la sabiduría, la fe, la fortaleza, y todo lo que Dios tiene disponible para hacer su obra; y ¡usted también!
Pídale a Dios que le muestre qué don o dones le ha dado, si no lo sabe. Y empiece a usarlos para su gloria. Y busque producir fruto agradable a él; entendiendo que eso lo produce el Espíritu Santo en usted en la medida que permanezca en Jesús. Haga su partea pues, permaneciendo en Jesús.




