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La Iglesia de Cristo

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VII

LA IGLESIA DE CRISTO

La iglesia de Cristo es una sola.

"Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;

Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre to-

dos, por todos y en todos." Efesios 4:4-6

La iglesia es llamada el cuerpo de Cristo en la Biblia. Así como los brazos, piernas, manos, orejas, ojos, y otras partes integran el cuerpo humano, así los creyentes formamos parte de un cuerpo, el cuerpo de Cristo. Somos sus miembros; Cristo, la cabeza.

Por supuesto que dentro de ese cuerpo universal, hay grupos geográficos locales, grupos de creyentes que se congregan para estudiar la palabra de Dios y alabarle con instrumentos musicales; para orar, para compartir las cargas unos con otros, y para la comunión fraternal; pero todos somos parte de un mismo cuerpo, siervos de un mismo Señor, compartiendo la misma fe.

Toda persona que ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador; poniendo su fe exclusivamente en Él; reconociendo la Palabra de Dios como estándar y guía de su vida; caminando en la luz de Dios, no en pecado; es parte del cuerpo de Cristo.

Si bien el cuerpo es uno, dentro de ese cuerpo se han ido formado varios grupos a lo largo de la historia, los cuales conocemos como denominaciones. Así tenemos a los Presbiterianos, a los Metodistas, a los Bautistas, a las Asambleas de Dios, a los Nazarenos, y otros más. Si bien hay diferencias doctrinales entre los distintos grupos cristianos, todos ellos tienen la misma Biblia, reconociendo sus sesenta y seis libros como inspirados por Dios y sin error; y comparten doctrinas fundamentales como la salvación por la fe en Jesús, no por obras; la deidad de Jesús; creen en un solo Dios que existe en tres personas distintas; y creen en un cielo y un infierno literal, entre otras cosas.

Es importante entender que la iglesia de Cristo no está limitada por una denominación, ni es posesión exclusiva de ningún grupo en particular. Miembros de distintas denominaciones integran la iglesia de Cristo. Y nadie es miembro del cuerpo de Cristo automáticamente por pertenecer a una denominación.

En el evangelio de Lucas tenemos un incidente muy importante en este tema:

"Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no anda con nosotros. Pero Jesús le dijo: No se lo impidáis; porque el que no está contravosotros,estáconvosotros." Lucas9:49-50

Pablo escribió:

"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.

Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si el pie dijera: Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. Y si el oído dijera: Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo.

Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo fuera oído, ¿qué sería del olfato?

Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo, según le agradó.

Y si todos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo?

Sin embargo, hay muchos miembros, pero un solo cuerpo.

Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito. Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles, son los más necesarios; y las partes del cuerpo que estimamos menos honrosas, a éstas las vestimos con más honra; de manera que las partes que consideramos más íntimas, reciben un trato más honroso, ya que nuestras partes honestas no lo necesitan. Mas así formó Dios el cuerpo, dando mayor honra a la parte que carecía de ella, a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros.

Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él.

Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él."

I Corintios 12:12-27

En el libro de Hechos de los Apóstoles leemos lo que caracterizaba a la iglesia que nació en Pentecostés. En Hechos 2:42 leemos que los creyentes "se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración."

La fórmula de los creyentes era sencilla. Su énfasis no era en edificios suntuosos, programas de crecimiento, o actividades sociales para entretener a sus miembros. Los discípulos se reunían para estudiar las enseñanzas de los apóstoles, las cuales ahora tenemos plasmadas en la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento.

También notemos que se dedicaban a la comunión, es decir, al compañerismo fraternal, para conocerse, animarse y ayudarse unos a otros; para el amor fraternal y la edificación mutua.

También conmemoraban frecuentemente la Santa Cena, el memorial que Jesús instituyó en la última cena que compartió con sus apóstoles antes de ir a la cruz.

Y finalmente, se dedicaban a la oración. El pueblo de Dios era un pueblo de oración.

En Hechos 2:46-47 leemos que "Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos."

Vemos que el crecimiento de la iglesia no era resultado de estrategias de mercadeo, u otro tipo de metodología humana. Dios era quien añadía en la medida que los discípulos se dedicaban a lo que importa a Dios.

Si bien la iglesia está formada por miembros de distintas denominaciones cristianas, es importante reconocer que no todo grupo que se llama cristiano lo es. Por ejemplo, la secta de los Testigos de Jehová niega al mismo Jesús como Dios nuestro; considera al Espíritu Santo como una fuerza no una persona; y tiene muchas otras desviaciones doctrinales fundamentales serias, que se apartan de la palabra de Dios.

Los mormones tienen "otro evangelio de Jesucristo". Ellos erran gravemente, pues el mismo apóstol Pablo escribió en su carta a los gálatas: "Si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema." Gálatas 1:8. Sus doctrinas están llenas de herejías, incluyendo la enseñanza de que sus miembros llegarán a ser dioses.

Aparte de las sectas que se apartan fundamentalmente de la fe de los apóstoles, es importante aceptar fraternalmente a nuestros hermanos en Cristo, independiente de la denominación cristiana a la que pertenecen.

Ahora bien, vivimos en días en que dentro de las denominaciones protestantes y evangélicas están ocurriendo grandes crisis, desviaciones, excesos y abusos ante los cuales no podemos ni debemos taparnos los ojos. Algunos que abrazaban las doctrinas fundamentales de la fe cristiana están dejando de creer que las Escrituras son sin error; otros están permitiendo y casando parejas homosexuales en sus congregaciones; y están hasta ordenando para el ministerio a pastoras lesbianas que conviven abiertamente con su pareja. La Biblia predice esta apostasía en los últimos días.

Vivimos ciertamente en tiempos peligrosos, tal como lo profetizó Pablo: "Debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles" II Timoteo 3:1 No podemos, pues, ser ciegos o ignorantes de lo que está pasando. Debemos estar vigilantes, velando y manteniendo un celo saludable por la verdad. Las denominaciones no son las que permanecerán, sino Cristo y su Palabra. Las puertas del Hades podrán prevalecer contra una denominación; pero no contra la iglesia viva de Cristo, aquella formada por creyentes fieles a Él y su palabra, no a estructuras eclesiásticas aberrantes.

Ya que empezamos; creo necesario continuar dando la voz de alarma en otras áreas. Por ejemplo, muchos están siendo arrastrados por la codicia en sus mismas congregaciones. Sus pastores prometen a los congregantes gran prosperidad económica dependiendo de sus ofrendas. Es cierto que Dios ha prometido recompensar nuestras buenas obras, pero no necesariamente en forma monetaria. Dichos pastores están alimentando un espíritu de codicia en las ovejas, a quienes se les está enseñado a ofrendar no de corazón, por amor y agradecimiento a Dios; sino como una inversión para tener más dinero y poder comprar autos y casas lujosas.

Recuerdo el director de un ministerio que me decía en cierta ocasión que ya bastaba de tanta pobreza entre el pueblo cristiano latino; que ya era hora de que los cristianos anduviéramos en carros de lujo, en Mercedes Benz. Ellos se olvidan que "la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores." I Timoteo 6:10. Santiago escribió: "Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres." Santiago 4:3

Dios llama a sus hijos al contentamiento, sea cual fuere nuestra situación; pues Él nos ama, y está en control sobre toda situación. Dios permite y usa cada situación y circunstancia para conformarnos a la imagen de Jesús si cooperamos con Él creyendo, obedeciendo y sometiéndonos humildemente a Él. Y es por eso que debemos siempre mostrar contentamiento y agradecimiento con Dios. Pablo escribió: "He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Filipenses 4:11-13

Eso no quiere decir que no podemos pedir a Dios por nuestras necesidades. Jesús mismo nos enseñó a hacerlo. Orar por nuestras necesidades ¡sí!, pero por nuestros caprichos ¡no! Dios nunca ha prometido satisfacer nuestros caprichos. Si Él decide bendecirle con abundancia económica, es para que sea usado para la gloria de Dios. Y si Él decide satisfacer sólo sus necesidades básicas; entonces, a través de su perseverancia y fidelidad, sea glorificado el nombre de Jesús en su vida. Acumulará así tesoros eternos que nadie le podrá robar.

 

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